Jueves, 11 de septiembre de 2008
Publicado por hishkatan @ 4:08  | Poesía
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Grises


un poema de Abraham Kleinman
 
Ahora resulta que nada es lo que es.
Cuando nací le dijeron a mi madre:
-Señora, es un varón.
Y ni bien se lo dijeron, buaaaaaaaaa,
me puse a llorar como lo que en realidad soy:
un mariconazo. 
Mamá pidió hacer un trato.
Estaba dispuesta a devolverme.
Incluso preguntó si no les daba lo mismo cambiarme.
Ella quería una macho-macho y le nací chancleta.

Ahora resulta que todos son grises.
Hasta la puesta de sol es gris.
Vivimos en un mundo desteñido.
Da pena vivir en un mundo así.
Es todo tan mezquino.
La gente prefiere no definirse 
y no ser definida.
Cada uno lleva un escáner en el bolsillo
para medir el nivel en la escala de grises
del extraño que tiene enfrente.
Si resulta que el sujeto es más gris de lo esperado,
derechito a hacer la denuncia a la policía.
Vivimos tiempos de grisitud, 
tiempos de un justo medio,
del gris arratonado que recomienda Montaigne.
El que asoma la cabeza pasa a ser un blanco,
un blanco perfecto sobre el que disparar. 

Ayer me cargué a mi primer enemigo.
No recuerdo muy bien la razón.
No creo que me haya dado motivos.
Simplemente me lo cargué.
Fue como aliviarme de golpe,
aliviarme del peso de una cruz.
Se puede decir que estoy arrepentido.
Sí, muy arrepentido.
Por algo leo la Biblia noche y día.
Está en mi naturaleza rebelarme
y en mi formación acatar.
Nací para ser gris:
en mi caso macho-macho,
aun cuando salí hermafrodita.
Esto de llevar los dos sexos es un poco pesado.
Como cargar con una pistola
que dispara sólo preguntas
y nunca da las respuestas.
En ese sentido
todos aprendemos de nosotros mismos.
Yo, claro, soy mi propio oráculo.

Ahora que ví el color de la sangre
me siento algo distinto.
¿Esto será ser humano?
Después de todo llorar nunca es gratuito.
Las lágrimas lo tiñen todo de humedad,
y si hay algo gris es la humedad.
Por eso ser gris es ser un poco patriota.
¡Viva la Patria gris, carajo!¡Viva la grisitud!
¡Viva la salvaje medianía!

Chato como un mapa visto desde arriba,
las vidas sólo son fieles a sí mismas.
Todos nos movemos en la misma dirección
y chocamos a la misma velocidad.
El mundo ya no le importa a nadie,
salvo a los meteorólogos.
Tal vez llueva por la mañana.
El cielo está encapotado.
La sangre se estanca ahí abajo,
sin embargo.
Reclama la atención que le negamos
desde los charcos de la memoria.


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Tags: Poesía, racismo, clasismo, blanquitud, negritud, justicia social

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